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Bochorno y golpe de calor: ¿Qué son, por qué debemos cuidarnos y cómo prevenirlos?

Ambas manifestaciones de las altas temperaturas pueden afectar nuestra salud

Las altas temperaturas que se registran en el Perú se manifiestan en dos situaciones evidentes: el bochorno y el golpe de calor. Ambas están asociadas a la temporada de verano y pueden ser peligrosas para la salud si no se toman medidas preventivas y de respuesta adecuadas.

Para conocerlos mejor, repasemos las definiciones de bochorno y de golpe de calor, cómo identificarlos, así como los cuidados que debemos tener y cómo prevenir estos dos eventos para no poner en riesgo nuestra salud.

¿Qué es el bochorno?

Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), hablamos de bochorno cuando la persona percibe un aire caliente y sofocante. Es el índice que refleja la temperatura percibida por una persona y se calcula mediante la humedad relativa y la temperatura de aire seco en el ambiente.

El bochorno se siente incluso si no hay exposición directa a los rayos solares. Basta con estar en un lugar con escasa ventilación para que el calor invada el cuerpo y se sofoque. Las manifestaciones más evidentes del bochorno son la sudoración, especialmente en el rostro y la parte superior del cuerpo, los mareos y el agotamiento, así como la rápida deshidratación que obliga a consumir bebidas frías para reponer el líquido perdido por sudor y bajar la temperatura a sus niveles normales, entre 36 °C y 38 °C.

¿Qué es el golpe de calor?

En términos médicos, el golpe de calor es un trastorno de la salud ocasionado por el exceso de calor en el cuerpo, generalmente como consecuencia de la exposición prolongada a altas temperaturas o del esfuerzo físico con actividades extenuantes bajo altas temperaturas.

El golpe de calor es la forma más grave de lesión por calor y puede ocurrir si la temperatura del cuerpo alcanza o supera los 40 °C. Esta afección es más frecuente en los meses de verano y se agudiza cuando la persona usa demasiada ropa que impide que el sudor se evapore fácilmente y enfríe el cuerpo, cuando se bebe alcohol porque afecta la capacidad del organismo para regular su temperatura, y cuando la persona no consume suficiente agua para reponer los líquidos que se pierden al transpirar.

¿Por qué debemos cuidarnos?

Tanto el bochorno como el golpe de calor afectan a nuestro organismo, principalmente por la acelerada deshidratación que producen. Pero el golpe de calor es más grave y requiere tratamiento de urgencia. De no tratarse a tiempo puede dañar rápidamente el cerebro, el corazón, los riñones y los músculos. El daño empeora cuanto más se retrasa el tratamiento, lo que aumenta el riesgo de sufrir complicaciones graves y, en casos extremos, la muerte.

Uno de los factores de riesgo para padecer un golpe de calor es la edad, especialmente los niños y los adultos mayores. En los niños, el sistema nervioso central no está plenamente desarrollado y en los adultos mayores comienza a deteriorarse, lo que hace que el organismo sea menos capaz de afrontar los cambios de la temperatura corporal.

Otros factores de riesgo son la exposición repentina y realizar esfuerzo físico en clima caluroso, la exposición prolongada al sol que produce también insolación o quemaduras en la piel, ciertos medicamentos como los diuréticos, antidepresivos, reguladores de la presión arterial que bloquean la adrenalina, y los vasoconstrictores o que estrechan los vasos sanguíneos. Finalmente, algunas enfermedades crónicas como las cardiacas o pulmonares, la obesidad o la hipertensión.

¿Cómo prevenirlos?

Una de las primeras medidas para prevenir el bochorno y el golpe de calor es evitar los ambientes con escasa ventilación, llevar una vestimenta holgada y confeccionada preferentemente con algodón, beber mucho líquido, de preferencia agua e incluir más frutas y verduras en la dieta diaria. En caso de deshidratación aguda consumir sales rehidratantes.

Si ocurre un golpe de calor es clave quitarse el exceso de ropa para ayudar a bajar el calor corporal, abanicarse, tomar una ducha de agua fría, pasarse una esponja con agua fresca, colocarse compresas de hielo o toallas húmedas y frías sobre la cabeza, el cuello, las axilas y la ingle, que son las zonas del cuerpo con mayor concentración de calor y sudoración.

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