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Estudio del IGP propone gestionar uso del fuego para prevenir incendios forestales

Enfoque considera el manejo del combustible forestal, monitorear el Pacífico central e incluir a agricultores

Por Luis Zuta Dávila

Gestionar el uso del fuego y un manejo adecuado del combustible forestal, monitorear el calentamiento del mar en el Pacífico central, conocer mejor si las tradicionales quemas agrícolas benefician la producción de cultivos y mejora de pastizales, e incorporar a las comunidades agrarias y ganaderas, forman parte del nuevo enfoque propuesto por una investigación del Instituto Geofísico del Perú (IGP) para prevenir con mejor eficacia los incendios forestales que ocurren, sobre todo, en la Sierra peruana.

Así lo sostuvo el investigador científico del IGP, Ricardo Zubieta Barragán, autor principal de la investigación recogida en el artículo científico titulado “El papel de las condiciones de sequía en el reciente aumento de la ocurrencia de incendios forestales en las regiones altoandinas del Perú”.

El artículo científico, publicado recientemente en la revista científica International Journal of Wildland Fire, precisa que el número de incendios forestales en el Perú se incrementó de manera severa en los últimos 20 años, siendo la región andina, entre los 1,500 y 4,000 metros sobre el nivel del mar, la que concentra el 80 % de estos incidentes.

Zubieta Barragán refiere que en 2020 se llegaron a cifras récord de aproximadamente 600, 1,000 y 200 incendios forestales en las regiones sur, centro y norte del país, respectivamente, valores muy por encima de lo registrado entre 2002 y 2018.

“Este incremento sin precedentes ha afectado a ecosistemas de alta montaña como los pastizales de la puna andina, bosques naturales y matorrales”, sostiene el investigador científico en entrevista a la Agencia de Noticias Andina.

Nueva metodología

La investigación realizada por Zubieta Barragán plantea una nueva metodología multidisciplinaria para prevenir y reducir la incidencia de los incendios forestales en los Andes peruanos. Ella considera aspectos claves como el análisis de la frecuencia acumulada de días secos.

Explica que el análisis efectuado de los últimos 20 años ha permitido identificar que el número de incendios forestales se incrementa sobremanera en “años secos”, es decir, en temporadas de sequías. Como ejemplos, afirma, se tiene lo sucedido durante 2005, 2010 y 2016, años en los que se apreció un incremento del 400 % en el número de incendios.

“Aunque hay varios factores que influyen para que se presenten las sequías en el Perú, la clave pasa por caracterizar de manera continua si un año viene siendo seco o no. ¿Cómo lo hacemos? En el IGP venimos empleando un nuevo parámetro de monitoreo: el análisis de la frecuencia acumulada de días secos”, destaca Zubieta.

La metodología consiste en hacer un recuento desde el mes de mayo (inicio de la temporada seca) del promedio total de días en los que no llueve en los Andes. La acumulación de días secos suele alcanzar picos en agosto o noviembre, meses donde se registra el mayor número de incendios.

Este análisis diario de la sequía mediante la acumulación de días secos, en palabras de Zubieta, “otorga mayor confianza en comparación con el análisis de datos mensuales o estacionales de lluvia que, típicamente, suelen ‘ocultar’ información acerca de la sequía”.

Adicionalmente, Zubieta comenta que los días secos tienen una influencia directa sobre la vegetación andina como pastizales y matorrales y, en consecuencia, en la conformación de mayor cantidad de combustible forestal expuesto a quemas.

“Durante los años de sequía de 2005, 2010 y 2016, el contenido de humedad en la vegetación estuvo por debajo de los niveles promedio. Esto es posible de identificar mediante el análisis de imágenes obtenidas por satélite, lo cual nos permite también conocer cómo estas áreas son afectadas durante periodos de sequía”, menciona Zubieta.

2020: un año severo de incendios forestales en Perú

El investigador del IGP refiere que durante el año 2020 se registraron cifras récord de incendios en los Andes peruanos: aproximadamente 600 en el sur, 1000 en el centro y 200 en el norte. Con relación a las causas de este incremento, la investigación liderada por Zubieta alude a posibles factores de origen climático y antrópico (provocadas por los seres humanos).

Respecto al aspecto climático, Zubieta Barragán detalla que cuando los incendios forestales se incrementaron abruptamente durante 2020, se identificaron anomalías muy negativas en el contenido de humedad de la vegetación entre octubre y noviembre, meses en los cuales la temporada de lluvias en los Andes suele tener su inicio. “Este es un indicio muy evidente del porqué dicha temporada de incendios fue severa y se extendió por varios meses”, describe Zubieta.

Además de este factor, el aspecto humano habría influido en el aumento de incendios forestales durante 2020. Recuerda que la pandemia de la covid-19 generó en Perú un retorno masivo de habitantes desde las ciudades hacia sus regiones y pueblos de origen, dado que se habían perdido empleos por la paralización de las actividades económicas. Al regresar al hogar de origen, muchos de estos compatriotas se dedicaron nuevamente a las actividades agrícolas en los Andes.

“Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego del Perú, durante 2020 se registró un incremento de la producción agrícola en los Andes, lo cual, como consecuencia, habría producido mayor cantidad de rastrojos y desechos agrícolas que, eventualmente, fueron quemados; no obstante, este es aspecto cuyo grado de incidencia en los incendios de 2020 falta determinar con mayor certeza”, considera Zubieta Barragán.

Gestionar el uso del fuego y el manejo del combustible vegetal

Zubieta Barragán sostiene que el enfoque que se ha desarrollado hasta ahora para analizar la ocurrencia y cómo prevenir los incendios forestales, no permite comprender bien ni abarca todos los aspectos que intervienen en esta problemática.

Tras referir que analizar solo el aspecto de las lluvias y la temperatura o focos de calor en el territorio no es muy útil ni suficiente para comprender el fenómeno, el investigador científico considera que falta gestionar el uso del fuego y manejar el combustible forestal (cobertura vegetal, que puede estar mojada o seca, en paulatina exposición a las quemas antes de empezar la campaña agrícola). “Los residuos generados por la tradicional quema de rastrojos o pastizales son punto de inicio para muy probable incendio forestal”, asevera.

En ese sentido, el investigador plantea -recogiendo la experiencia de países como Chile y Australia que también padecen de incendios forestales- la importancia de desplegar una política de quemas controladas para evitar que esta práctica tradicional se realice en la temporada de mayor riesgo de ocurrencia de incendios forestales, en vista de que se trata de una costumbre muy difícil de erradicar en la zona andina.

“Una política de quemas controladas -que tome en cuenta, por ejemplo, la hora en la que se puede realizar y la cantidad de personas que participa en esta práctica, así como la manera cómo se distribuyen los rastrojos en el área de cultivo-, podría ofrecer una forma más útil de reducir los impactos de los incendios forestales. De esta forma se aborda mejor el aspecto correctivo del problema”, puntualiza.

Monitoreo del Pacífico central

Aunque se puede pensar que el calentamiento del mar que da lugar al fenómeno de El Niño Costero tiene alguna relación con los incendios forestales en la Sierra peruana, lo cierto es que según los especialistas esto no es así.

Más bien, lo que sí tiene vinculación con la ausencia de lluvias y prolongación de días secos en los Andes peruanos es el calentamiento del mar en el océano Pacífico central, tal como lo demuestra el hecho que los años de mayor calentamiento en el Pacífico central fueron el 2005, 2010 y 2016, que coincidieron con un incremento de hasta 400% en la ocurrencia de los incendios forestales en los Andes peruanos, precisa el investigador científico del IGP.

Participación de las comunidades agrarias y ganaderas

Otro aspecto que Zubieta Barragán considera muy importante en el abordaje de la problemática de los incendios forestales es la inclusión de las comunidades agrarias y ganaderas andinas en la coordinación y articulación de esfuerzos para prevenir los incendios.

Comenta que actualmente solo se considera la prohibición de la quema de rastrojos y pastizales y la sanción penal de quienes incurren en esta práctica. Al respecto, afirma que quedarse solo en estos aspectos solo limita la posibilidad de revertir el problema.

Lo que propone Zubieta Barragán es incluir a los campesinos y recoger sus aportes en el diseño de los planes y su ejecución para aplicar con éxito las quemas controladas y así evitar o reducir la incidencia de los siniestros.

Refiere que el Gobierno Regional del Cusco, una de las regiones con mayor cantidad de incendios forestales en el país, incorporó a estos actores clave en su política regional de prevención de incendios forestales, y se espera que otros gobiernos regionales repliquen esta medida. Otras regiones con mayor incidencia de incendios forestales son Cajamarca, Puno y Apurímac.

Estudios pendientes

Zubieta Barragán afirma que luego de este estudio, el IGP viene desarrollando una investigación junto al Serfor que busca determinar cuán útil son los “Focos de calor” o anomalías térmicas para la detección oportuna de incendios forestales.

Otro tópico que se investiga es cuánto se beneficia realmente el terreno de cultivo con las quemas en términos de rendimiento productivo agrícola. Este estudio está a cargo de una tesista de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, refiere.

“A priori no habría un beneficio, pero se trata de una costumbre ancestral y una necesidad en vista de que los residuos de la quema parecen actuar como abono, aunque es más barato que los fertilizantes comerciales”, menciona.

Perfil del investigador

Ricardo Zubieta Barragán es ingeniero geógrafo formado en la Universidad Nacional Federico Villarreal y cuenta con maestría en Ingeniería de Recursos Hídricos y doctorado en Recursos Hídricos otorgados por la Universidad Nacional Agraria La Molina. Actualmente se desempeña como investigador científico del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

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